Sibylle Rauch nació el 12 de octubre de 1960 en Berlín Oriental, en el contexto de la Alemania dividida por el Muro. Creció en un entorno marcado por las restricciones del régimen comunista, lo que la llevó a tomar una decisión radical a los catorce años: escapar hacia el oeste. Este salto al otro lado no solo significó un cambio geográfico, sino también el inicio de una transformación personal que la alejaría de los planes convencionales para una joven de su edad.
Una vez establecida en Berlín Occidental, Sibylle comenzó a trabajar como modelo para revistas y catálogos. Su físico llamativo y su actitud desenfadada pronto atrajeron a fotógrafos del ámbito erótico. A principios de los años ochenta, y sin haber cumplido aún los veinte, entró en el cine para adultos de la mano de productoras alemanas. Su primer rodaje fue una experiencia que ella misma describió como liberadora, aunque también le supuso un choque con los prejuicios sociales de la época. Rápidamente se convirtió en una de las figuras más reconocibles de la industria en Europa, trabajando con directores como Hans Peter Fischer y apareciendo en más de un centenar de películas hasta mediados de los noventa.
Su trabajo no pasó desapercibido: en 1984 recibió el premio a la mejor actriz en el Festival de Cine Erótico de Barcelona, un galardón que la consolidó como una de las intérpretes más solicitadas. Sin embargo, la fama en este sector tenía un precio. Sibylle ha contado en entrevistas que la presión por mantener un cuerpo perfecto y la competencia feroz la llevaron a episodios de agotamiento físico y emocional. Aun así, mantuvo su carrera hasta que, a mediados de los años noventa, decidió que era el momento de dar un giro radical.
Alejarse de la cámara no fue sencillo. Sibylle Rauch abandonó el cine para adultos y se formó como asesora sexual y terapeuta. Comenzó a trabajar en centros de atención a personas con adicciones y a dar charlas sobre sexualidad responsable. Esta segunda etapa le permitió reconciliarse con su pasado y utilizar su experiencia para ayudar a otros. En sus propias palabras, el porno fue una escuela de vida, pero su verdadera vocación siempre fue el contacto humano genuino y la comprensión psicológica.
Actualmente vive retirada de la vida pública, aunque de vez en cuando concede alguna entrevista para medios germanos. Se ha mostrado crítica con la industria que la encumbró, señalando la falta de protección legal para los actores y actrices. También ha escrito un libro autobiográfico que aún no ha visto la luz en formato digital, pero del que ha adelantado fragmentos en podcasts. Su día a día transcurre entre su hogar en las afueras de Berlín y el voluntariado en asociaciones que trabajan con víctimas de abuso. Sibylle Rauch prefiere hablar de su presente antes que de su pasado, pero no reniega de las decisiones que la llevaron a ser quien es.